
Anoche salí del cine con un nudo en la garganta. Al final de la función, la sala entera se quedó callada. Me dieron ganas de aplaudir, pero soy muy tímido como para tomar la iniciativa. La bola negra, la película de Los Javis (Javier Calvo y Javier Ambrossi), merecía ese aplauso. Lo doy ahora con retraso.
Es una película sobre el amor prohibido, sobre la valentía y el miedo, que casi siempre van de la mano y desarrollada en la época convulsa que le tocó vivir a Lorca. Es una creación inspirada por apenas cuatro páginas de La bola negra que había escrito el poeta antes de que lo mataran. Esas páginas solo contenían una lista de personajes y un diálogo entre Carlos y su hermana. Nada más. Los directores la han llamado un «qué hubiera pasado si», y me parece honesto. También leí que la historia entre Sebastián y Rafael está inspirada en la obra teatral La piedra oscura de Alberto Conejero, y constituye el núcleo emocional y erótico de la película que retrata cómo el deseo humano intenta abrirse paso frente al odio fratricida de la guerra. A veces la ficción es la única manera de terminar lo que la historia dejó a medias.
Los primeros quince minutos estuve perdido. La historia salta de 1932 a 1937 y a 2017 sin avisar, y uno en la butaca intenta saber dónde está. Luego agarras el hilo de las tres vidas y todo encaja. Lo que no pudo decirse en una época vuelve a aparecer en la siguiente, con otra cara y la misma herida.
Las cosas que más me impresionaron fueron el despliegue visual, la excelente fotografía, la música, el tratamiento poético del dolor, la memoria y las heridas no cerradas. El trabajo de interpretación es uno de los pilares del largometraje. El talento de actores jóvenes y emergentes como Guitarricadelafuente, Miguel Bernardeau o Milo Quifes se combina con la presencia magnética de actrices consagradas como Lola Dueñas, Penélope Cruz y Glenn Close, y el resultado es una obra de arte que conmueve.
Hay un soneto que se recita más de una vez a lo largo de la película: «El amor duerme en el pecho del poeta», de los Sonetos del amor oscuro, escritos, se dice, pensando en Rafael Rodríguez Rapún. Es un poema de amor no correspondido, o no al menos de la manera que el autor deseaba. El poeta mira dormir al amado y sabe que nunca entenderá cuánto lo quiere. Y fuera, alguien acecha. Cada vez que vuelve, el poema pasa a otro personaje, a otra época. Como una herencia que nadie pidió. La familia de Lorca guardó esos poemas casi cincuenta años, y no se publicaron oficialmente hasta 1984. La propia familia, con la mejor intención quizás, quiso proteger la memoria del poeta, escondiendo su sentir, aun después de muerto.
Isabelle Durand (el personaje interpretado por Glenn Close) es una estudiosa de Lorca que cuenta que dedicó su vida al poeta porque tuvo un hermano homosexual que se suicidó. Pensé enseguida en Ian Gibson, cuya biografía de Lorca me acompañó en mi visita a Granada. Gibson ha contado que su hermano también era gay, que perdió la razón y murió internado en una clínica. “Sigo llorando por Lorca y por mi hermano”, dijo una vez. No es la misma historia. El hermano de Gibson no se suicidó, y Los Javis no han dicho que el personaje esté inspirado en él. Pero cuesta creer en la casualidad. Un extranjero que entrega su vida a Lorca por un hermano al que nadie supo comprender se parece demasiado a Gibson. Gibson fue, además, quien más peleó para que se reconociera la homosexualidad de Lorca, contra el silencio de la propia familia del poeta. Hay heridas que no se cierran. Se convierten en vocación. Hay también una mención a que los mejores hispanistas, las personas que se dedican a estudiar los valores de la cultura y la historia de España, casi siempre son anglos o extranjeros porque pareciera que los españoles no saben qué hacer con la grandeza que han heredado.
Rara vez veo una película dos veces seguidas. Pero creo que esta vez será una de esas pocas excepciones porque ante el impacto emocional de estar viendo una gran obra, creo que hay detalles que se me escaparon y una segunda mirada me ayudaría a disfrutarla aún más. No hace falta que lo diga, pero creo que es «a must see». No se la pierdan.
El amor duerme en el pecho del poeta
soneto de Federico García Lorca
Tú nunca entenderás lo que te quiero
porque duermes en mí y estás dormido.
Yo te oculto llorando, perseguido
por una voz de penetrante acero.Norma que agita igual carne y lucero
traspasa ya mi pecho dolorido
y las turbias palabras han mordido
las alas de tu espíritu severo.Grupo de gente salta en los jardines
esperando tu cuerpo y mi agonía
en caballos de luz y verdes crines.Pero sigue durmiendo, vida mía.
¡Oye mi sangre rota en los violines!
¡Mira que nos acechan todavía!